REFLEXIONES SOBRE EL FENOMENO
DE LA APATIA EN AMBITOS ESCOLARES
Lic. Rodolfo Valentini
"La pasión no solo es constitutiva del ser humano
sino principio de toda comunidad y sociedad,
la misma se relaciona con la creatividad y la
acción. Es decir, la pasión se pone en juego en
la acción. En todo acto creativo el sujeto se funda
y, a la vez, se enajena en la pasión permitiendo
que las pasiones alegres triunfen sobre las pasiones
tristes, el amor sobre el odio, el sentimiento de lo
maravilloso sobre el sentimiento de lo siniestro"
Enrique Carpintero
" Pase lo que
pase nuestra
esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión"
Walt Witman
Los que trabajamos junto con docentes tratando
de acompañarlos oficiando de co-pensores en la dura tarea
de crecer como educadores y de realizar aportes para la transformación
de la educación, recibimos a menudo consultas respecto al
comportamiento de niños y adolescentes denominado "apatía".
Estos educadores señalan a este fenómeno que se ha
incrementado en estos últimos tiempos y que afecta a un sinnúmero
de alumnos de todas las edades, como "una falta de interés"
en el colegio, en las actividades, en el futuro, etc.
Por supuesto que la apatía como afección
ha sido muy estudiada competentemente por profesionales de todas
las ciencias humanas y tratada en ámbitos terapéuticos
de prevención de salud mental. Lo que me lleva a desarrollar
este entramado de reflexiones es la necesidad de brindar una respuesta
que esperan estos docentes respecto a la posibilidad de hacer algo
en la tarea cotidiana respecto a este fenómeno que además,
parece exceder el ámbito escolar para instalarse en la misma
sociedad.
Pero, qué significa "apatía"?
Ninguna consideración debería obviar la pregunta ya
que esta nos conduce al significado profundo del término
y nos permitirá desprender de ella las consideraciones. El
término "apatía" proviene de dos vertientes
etimológicas: el verbo p£scw (pasjo) en griego significa
en primer lugar, "estar afectado por una pasión o sentimiento;
experimentar alguna impresión placentera o dolorosa"
De allí se deriva p£qoj (pathos) que significa "pasión
(en todos sus sentidos); sentimiento, sensación, emoción.
En la vertiente latina, muy emparentada con la griega, y que luego
pasará al castellano, se utiliza el verbo "patior":
padecer, sufrir, soportar, tolerar, consentir, permitir" y
sus derivados: "patiens" : el paciente y "patientia"
: tolerancia, sumisión. Nótese las sutiles diferencias
entre las dos vertientes, la griega y la latina
Por otro lado, la palabra "apatía", lleva un prefijo
"a" , uno de cuyos significados es el de "privación,
falta de, impotencia". Reunidos todos estos datos, ¿qué
nos aporta este análisis lingüístico al tema
que nos ocupa? Precisamente nos indica que "algo se ha retirado,
suprimido, privado" y ese algo es "la pasión, el
sentimiento, la experiencia". La apatía conforma así
un estado de sustracción, de ocultamiento, se supresión
de estados emocionales, apareciendo como una sensación de
vacío, de ausencia. Y lo curioso es que una pequeña
partícula, la letra "a" nos ha dado la pista para
descubrir el contenido de este fenómeno.
Y esto es lo que los docentes señalan
en su práctica pedagógica: los niños y los
adolescentes, ¿qué es lo que retiran, sustraen de
su vida escolar? ¿De qué se privan? ¿Se trata
solo de una situación de tipo personal o está en juego
intrincadas redes sociales de interacción? ¿Porqué
sucede esto? ¿Cuáles son sus causas? Las siguientes
reflexiones tratarán de tejer la trama y la urdimbre de la
respuesta a esta problemática.
La primera respuesta a estas preguntas es
formular otra pregunta: ¿Cuál es la situación
de niños y adolescentes en el sistema educativo? El paso
por el sistema educativo se corresponde a las etapas de la niñez,
la pubertad y adolescencia, momentos de ansiedad y de incertidumbre,
donde se da una apertura a lo social que trasciende el reducido
mundo familiar, muchas veces sin recibir ayuda por parte de las
personas adultas. Durante estos años, los alumnos en la escuela
no solo aprenden contenidos curriculares, sino otra programación
oculta, sutil y silenciosa con la que aprenden reglas de interacción
social, relaciones de poder, valores que difieren de los que se
predican y que se actúan más allá del lenguaje
verbal. Las modalidades de vinculación autoritaria se trasmiten
en los estilos de comunicación y aprendizaje y se evidencian
en la obsesión por la uniformidad y reglamentaciones disciplinarias,
en la ausencia de diálogo, en las actitudes intolerantes
frente al disenso. Para muchos alumnos, la escuela se ha convertido
en una deshumanizada oficina expendedora de títulos y certificados;
en un lugar donde no hay lugar para lo nuevo, lo imprevisto, lo
diferente; donde la indisciplina solo es vivida como un ataque personal
a los adultos que detentan la autoridad. El alumno que transita
los abruptos caminos (curricula) del sistema educativo, también
percibe la dicotomía entre aprendizajes escolares y extra-escolares
(abismo) Vive el aprendizaje como algo cuya justificación
y utilidad está encerrada en si misma; desarrolla actividades
organizadas por profesores cuya finalidad muchas veces desconoce.
Tiene presente "qué tiene que estudiar", algunas
veces no tiene idea de "cómo", ni "para qué"
lo tiene que hacer. Percibe objetos frecuentes y naturales de la
vida escolar: libros, papeles, pizarrones, tizas, etc. y también
el despojo de lo que le es "propio".
Si se le preguntara para que sirve lo que está estudiando,
las respuestas rondarían alrededor del modelo de sociedad:
un modelo de "acumulación" y de "marginación"
: "pocos llegan, solo los dotados" . Los contenidos los
siente como impuestos y ligados rígidamente al contexto en
el que fueron aprendidos y su aplicación es posible en contextos
similares: el aula. La prioridad excesiva a un reducido sector de
la personalidad, hace que el énfasis esté puesto en
algunos factores intelectuales: el "retener" y el "repetir":
exigencias casi exclusivas de los exámenes finales que por
algo se llaman finales: toda la educación apunta y termina
en ellos.
No es extraño que muchos docentes se pregunten con razón
qué es lo que el alumno "retira", "suprime"
en su vida escolar. Es precisamente lo que queda afuera de estos
exclusivos factores antes mencionados: el sentir, el experimentar,
el observar, el investigar, el intuir, el querer, la pasión
por el descubrir, etc.
Hace poco se realizó una encuesta en un colegio de educación
técnica entre alumnos de los últimos años..
Una de las preguntas consistía en señalar "¿qué
características de la escuela son más importantes
para Ud.?" Algunas respuestas reflejaban el pensamiento de
casi todos los entrevistados, como por ejemplo: "Una de las
características que me parece importante es que cada vez
que paso de año, te dan menos ganas de estudiar" . Esto
de "menos ganas de",¿no hace recordar a algo?
La segregación escolar y las clasificaciones
de los niños en el colegio, son otras de las formas brutales
de moldeado ("formación", que se le dice) que con
frecuencia la escuela realiza. Hay poca preocupación por
la personalidad de cada alumno y por el respeto que se merece y
la poca que existe, se desvía hacia la categorización
y el "etiquetaje" El ejercicio del poder con frecuencia,
se manifiesta sutilmente en juicios, muestras de impaciencia, gestos
despreciativos y comentarios desvalorizadores, arrebatos de ira
e irritación y los gritos estentóreos (las consultas
a los fonoaudiologos, lo atestiguan) Y a todo esto hay que agregar
la autodesvalorización del niño y del adolescente
como forma de reacción ante el ambiente desvalorizador. Recuérdese
que los famosos mecanismos de defensa estudiados por el psicoanálisis
también pueden ser reinterpretados sistémicamente
como "mecanismos de intercambio" con el medio ambiente.
El niño desde su más temprana edad va formando lo
que se ha denominado el "autoconcepto": el conocimiento
que tiene de si mismo. El comportamiento posterior depende de ese
autoconcepto en cuanto que el mismo se comportará según
lo que cree que es capaz y no tanto por lo que realmente es. De
ahí que muchos alumnos anticipen porque "creen saber"
los resultados de su actitud. Los indicadores son las reacciones
de los adultos que lo rodean; lo que éstos esperan del niño
condiciona severamente lo que el niño hará. Si se
le anticipa un hipotético fracaso, los esfuerzos serán
mínimos y esperará malos resultados, dando a los adultos
la comprobación de la certeza de sus juicios al tiempo que
los refuerzan en sus actitudes desvalorizadoras, generándose
así lo que se denomina un "circuito de realimentación".
En realidad no existe un autoconcepto que no haya pasado por los
demás. Los niveles de aspiración de los alumnos generalmente
están en función de lo que esperan sus docentes. Estas
expectativas sobre los alumnos pueden convertirse en "profecías"
que se cumplen a si mismas. Habría que recordar aquí
las investigaciones en el área de la psicología social
que se realizaron y que siguen realizándose con los mismos
resultados respecto al fenómeno denominado "efecto Pigmalion"
(que hace referencia al personaje mitológico que se enamora
de su propia obra de tal manera que le impregna vida)
El alumno se ve en los otros como en un espejo y acaba acomodándose
a lo que los otros esperan de él. Es fácil comprobar
en ámbitos escolares, la correlación existente entre
"malas notas" y una autoimagen negativa: al fracaso escolar
se lo identifica con el fracaso personal. El tamiz con que se mide
a la persona del alumno muchas veces es exclusivamente escolar:
"el estudiante se ha comido a la persona"
La apatía no es un fenómeno estático para ser
estudiado en un gabinete; tiene un destino dinámico: nace,
se desarrolla, lleva al desinterés, el desinterés
engendra al aburrimiento y éste muestra muchas caras: la
pasividad, la inercia, la tristeza e incluso algo muy nuestro: la
bronca y desde allí comienza acercarse al otro polo de la
apatía: la agresión rebelde. No es muy extraño
encontrar sobre todo en adolescentes la alternancia entre apatía,
inercia y exasperación en los comportamientos escolares y
extra-escolares. Del rechazo pasivo: apatía, inercia, inhibición,
ensueño, escape, ausencia, al rechazo activo: agresividad,
rebelión.
Algunos especialistas se han referido a una situación como
de contagio: la apatía y el aburrimiento se trasmiten de
un alumno a otro, de los alumnos a los profesores, de los profesores
a los alumnos y la institución contagia a todos.
Todo lo que se ha señalado sobre la apatía en niños
y adolescentes, podría ser referido a los docentes y educadores.
Es que en algún momento los docentes pasan a ocupar el mismo
lugar del alumno en el sistema educativo: el lugar de la desvalorización,
la no participación, la marginación en las decisiones,
la explotación como trabajador de la educación, la
coerción, etc. generando inexorablemente la mutilación
afectiva que implica la apatía y que luego es trasmitida
(si se puede decir así) al alumno
El docente y el educador pueden pensar que sus intenciones son buenas
(y ser así en el nivel conciente) puede pretender la reflexión
critica, aprendizaje creador, enseñanza activa, promoción
de la personalidad, rescate del sujeto, etc., etc. pero definir
el vinculo pedagógico como vínculo de dependencia
y sometimiento, y aquí es donde se da una de las contradicciones
más severas que sufren muchos docentes que de muy buena fe
e intenciones más que nobles, se quejan de comprobar que
sus alumnos están afectados por este sindrome del desinterés
y la apatía.
Se predica los méritos del aprendizaje activo, pero en virtud
de los supuestos de una natural dependencia, cuanto más pasivo
sea el alumno, se cumplirá mejor con los objetivos de una
"educación formadora". Y si esto sucediera así,
ya está instalada la apatía en el alumno: él
sabe que en aras de cumplir con estos objetivos y de ser aceptado
deberá "hipotecar" sus propios intereses, su curiosidad,
su "pasión". "Mi educación terminó
cuando ingresé a la escuela" dijo alguna vez Bernard
Shaw.
No es imprescindible que la apatía tenga un rostro trágico
o deprimente. No consiste precisamente en esto, sino que el núcleo
de la cuestión está en el "retiro" y la
"supresión" de la propia pasión por un cumplimiento
estricto del "principio de rendimiento". Me aventuraría
a afirmar que detrás de niños muy rendidores, se esconde
el fenómeno de la apatía por sometimiento. A veces
se llama educación a lo que no es más que un adiestramiento.
La apatía y el desinterés tienen muchas fuentes que
los engendran. Para poder comprenderlos hay que tener en cuenta:
la historia personal, el ambiente familiar, las motivaciones sociales,
las influencias de los medios masivos de incomunicación (¿cuántas
horas pasa un chico frente al chupete electrónico de la TV?);
los modelos propuestos por la sociedad que padres y maestros refuerzan,
la situación socioeconómica y política, la
tradición cultural, etc. (un famoso pensador del s. XIX lo
expresó diciendo: "Los millones y millones de muertos
de nuestra historia pasada, nos oprime el cerebro impidiéndonos
pensar")
Sin una percepción totalizadora e integradora y un pensamiento
sistémico, casi es imposible tener un panorama medianamente
certero de este fenómeno. Nos duele profundamente la comprobación
de que la escuela no está adaptada a las necesidades actuales
ni los educadores lo suficientemente preparados para enfrentar esta
problemática.
De la misma manera , el desinterés y la apatía no
pueden reducirse solo a un factor psicológico individual.
Están indefectiblemente ligados a una reacción frente
a un complejo mundo de influencias y relaciones de tipo social.
En forma brillante, como todas sus producciones, el padre del psicoanálisis,
Don Segismundo, nos ha dado la pauta y la orientación suficiente
para entender el fenómeno que nos interesa estudiar:
"La oposición entre psicología
individual y psicología social o colectiva, que a primera
vista puede parecemos muy profunda, pierde gran parte de su significación
en cuanto la sometemos a más detenido examen. La psicología
individual se concreta, ciertamente, al hombre aislado e investiga
los caminos por los que el mismo intenta alcanzar la satisfacción
de sus pulsiones, pero sólo muy pocas veces y bajo determinadas
condiciones excepcionales le es dado prescindir de las relaciones
del individuo con sus semejantes. En la vida anímica individual
aparece integrado siempre, efectivamente, "el otro", como
modelo, objeto, auxiliar o adversario, y de este modo, la psicología
individual es al mismo tiempo y desde un principio psicología
social, en un sentido amplio, pero plenamente justificado. Las relaciones
del individuo con sus padres y hermanos, con la persona objeto de
su amor y con su médico, esto es, todas aquellas que hasta
ahora han sido objeto de la investigación psicoanalítíca,
pueden aspirar a ser consideradas como fenómenos sociales,
situándose entonces en oposición a ciertos otros procesos,
denominados por nosotros narcisistas, en los que la satisfacción
de las pulsiones elude la influencia de otras personas o prescinde
de éstas en absoluto. De este modo, la oposición entre
actos anímicos sociales y narcisistas (Bleuler diría
quizás autísticos) cae dentro de los dominios de la
psicología individual y no justifica una diferenciación
entre ésta y la psicología social o colectiva. ( Sigmund
Freud "Psicología de las Masas y Análisis del
Yo")
¿Se podría aplicar esto mismo
a la Psicopedagogía?¿Las dificultades de aprendizaje,
son solo debidas al individuo o también "a él,
sus vínculos y circunstancias"? . No pocos pedagogos
opinan que muchos de los males que sufren los escolares deberían
ser buscados en la misma escuela.
Para algunos partícipes y responsables de la actividad educadora,
hablar y ni siquiera mencionar las dificultades de la escuela y
las falencias y el mal funcionamiento del sistema educativo, es
tener "malas ondas" ó "hacer intentos de destruir
la escuela". Llevando este razonamiento al extremo, hacen responsables
de la desintegración del sistema a los que lo describen y
lo diagnostican. De este modo tienen una excelente coartada para
abstenerse de cualquier acción sobre esta realidad. Por mi
parte pienso que conocer cada vez mejor y más profundo los
mecanismos por los cuales se produce el desinterés y la mutilación
que supone la apatía, es crear las condiciones para actuar
y emprender los cambios profundos que nuestros chicos, adolescentes
y jóvenes necesitan para ser ellos mismos, sin mutilaciones
afectivas ni intelectuales.
La discusión de si las condiciones descriptas se dan o no,
y en qué medida se dan en ámbitos escolares, es superflua:
pertenece a otra investigación que ya fue realizada y repetida
un sinnúmero de veces. Sería conveniente que el lector
de estas notas interprete que si estas condiciones se dan, no importa
donde o en qué medida, es probable que el fenómeno
de la apatía esté relacionado con ellas. No existe
tampoco una relación lineal entre causas y efectos y mucho
menos en el terreno de los comportamientos humanos que se sitúan
en otro modelo de comprensión y análisis. Los comportamientos
humanos siguen un modelo de causalidad circular tomando formas de
"bucles de realimentación"
La detección de la apatía como experiencia escolar,
es probable (y habrá que probarlo) que esté ligada
a la situación que viven los niños y adolescentes
dentro y fuera del sistema educativo. También está
ligada a otras causas que deberán ser investigadas y relacionadas
entre si y esto es más que obvio.
La idealización de las condiciones en que se desarrolla la
educación o la negación de sus efectos más
desagradables, probablemente no conduzcan ni ayuden en nada a resolver
el problema de la apatía escolar. Solo sirven para brindarle
una excusa al adulto pero bloquean la posibilidad de preocuparse
por el alumno.
(Interrumpo la redacción de esta nota.
Una alumna de una carrera de psicopedagogía viene a saludarme.
Le pregunto acerca de sus estudios, cómo le van las cosas,
si está contenta. Me dice que no; que le va mal en los estudios
(sin embargo, la recuerdo como una muy buena alumna) Razón?
No puede terminar con una materia porque la han "bochado"
tres veces y va para la cuarta. Le pregunto porqué. No sabe.
Cree haber estudiado mucho. Sigo preguntando para ver si el profesor
le dió razones de porqué no aprueba. Parece que no.
Solo recibe por contestación un "no es lo que quiere
el profesor". Y qué es lo que quiere el profesor? ,
insisto inútilmente. No se lo explican. Sigo preguntando:
¿le dijeron cuál es el criterio con el cual se evalúa
la materia, cuáles son las exigencias mínimas para
aprobar, cuáles son los objetivos a lograr, cómo tiene
que preparar la materia, con qué método tiene que
estudiar, cuáles son las fallas que tiene que corregir, etc.,
etc. etc.? Respuesta negativa. Me despido afectuosamente y le ofrezco
mi incondicional apoyo para que pueda seguir adelante. (la psicopedagogía
es una carrera clave en este momento en un país que necesita
aprender) Me agradece pero me dice que "no tiene más
ganas de seguir, que no sabe si vale la pena terminar la carrera"
. Se va. Me quedo solo. Me indigno. Me lleno de bronca. Siento un
calor que me sube por todo el cuerpo....debe ser la pasión...la
reconozco...me ha acompañado toda la vida. Siento que estoy
vivo...juro seguir luchando por una educación mejor, sin
dejar caer los brazos aunque la voz de Leon me resuene en los oídos:
"Cinco siglos igual...")
Después de todo lo expresado surge
una pregunta muy obvia y es la que se formulan muchos docentes:
Qué se puede hacer? El tratamiento de la apatia ¿es
solo un problema de los especialistas? ¿es exclusivo del
ámbito terapéutico? ¿Es posible emprender una
transformación de las estructuras que posibilitan la apatía
y el desinterés?¿Cómo se hace?¿Por donde
se empieza? La apatía como señalé antes debe
ser investigada y tratada desde un enfoque interdisciplinario.
Estas adnotaciones tienen por propósito tratar el enfoque
desde el rol del docente y el de la institución. Es imprescindible
que estas ideas sean completadas y extendidas a través del
rol activo del lector de las mismas.
La primera consideración acerca del rol del docente y del
educador es que la tarea más efectiva es la de prevención.
Recurro nuevamente a las etimologías: La preposición
"pre" significa "antes", "de antemano",
"por adelantado". El verbo "venir" tiene varios
significados: el de "llegar", "encaminarse hacia"
y también el de "estar presente". En la vida cotidiana
decimos que alguien vino o dejó de venir señalando
que está presente o ausente. Para el tema que estamos tratando
la tarea de "estar antes" y de "hacer algo antes
de suceder algo" es fundamental y prioritaria.
Ya sabemos como aparece la apatía. El problema a resolver
es qué y cómo hacer para impedir que aparezca. No
se trata de "luchar en contra" sino de desplegar estrategias
para que no se den las condiciones que puedan generar la apatía
y el desinterés en los alumnos.
Existe también un punto de partida. ¿Por donde se
empieza? El centro de toda la tarea educativa es el alumno, no es
el adulto que enseña. A este enfoque se lo ha denominado
"concepción de la educación centrada en el aprendizaje"
¿Cuáles son las necesidades del alumno? Las respuestas
pueden ser muy variadas según desde donde se lo considere:
Seguridad (estabilidad del ambiente); Vivir su autonomía
(demandas y rechazos); Medios materiales (espacio y objetos de acción);
Modelos de acción (mímesis de apropiación);
Conocerse y ser reconocido (diferenciación y afirmación
de si) etc. También podemos incluir: sentir que lo elegido
le es útil, le interesa y que puede ser dueño de eso;
hacer algo que le importe personalmente; no sentirse "inquilino"
de un programa ajeno; no sentir que adquiere habilidades "para
después"; arriesgarse y "usar" lo aprendido,
etc.
¿Cuál es el rol del docente en la situación
de aprendizaje? La situación de aprendizaje es social. Los
docentes tenemos "socios" en el aprendizaje, no "súbditos".
La tarea educativa consiste en organizar las experiencias a través
de la comunicación:
Cuanto más valorado y aceptado se
sienta el alumno más le ayudará a avanzar en sus aprendizajes.
Si el docente logra tener una relación auténtica y
transparente, de cálida aceptación, de valoración
como persona diferente, donde vea al alumno tal cual es, probablemente
esto ayude al alumno a experimentar y a comprender aspectos de si
mismo, a emprender y enfrentar mejor los problemas. Sería
muy ingenuo por otro lado, esperar y pretender que todo se dé
en forma mágica. Es un trabajo arduo y no siempre se perciben
los resultados; por eso se ha comparado la tarea del educador con
la del jardinero:
"Podemos pensar de nosotros mismos no
como maestros, sino como jardineros. Un jardinero no hace crecer
flores, él trata de darles lo que cree que les ayudará
a crecer y ellas crecerán por si mismas. La mente de un niño,
al igual que una flor, es una cosa viva. No podemos hacerla crecer
metiéndole cosas, al igual que no podemos hacer que una flor
crezca pegándole hojas y pétalos. Todo lo que podemos
hacer es rodear la mente en crecimiento con lo que necesita para
crecer y tener fe en que tomará lo que necesita y crecerá"
(John Holt)
Para muchos docentes el problema de la motivación
en la tarea cotidiana es un escollo insalvable. La motivación
ha sido muy estudiada por todas las corrientes de investigación
psicológica. Hoy ya sabemos que el término no indica
un movimiento (motivación viene de "mover") "desde
afuera hacia adentro" (se lo denomina "incentivación")
sino por lo contrario proviene "desde adentro hacia afuera"
y que una persona "se motiva" a si misma. En rigor no
es posible "motivar a otros" aunque ya lo hemos instalado
en el lenguaje popular, sino que en realidad lo que hacemos es crear
las condiciones y el clima para que los otros puedan "motivarse"
(moverse) Ante cualquier duda, consultar los trabajos de Frederick
Herzberg sobre la motivación.
Volviendo a la tarea educativa, el alumno "se interesa"
y "se motiva" si el docente hace lo posible para ponerlo
"frente a la realidad" teniendo en cuenta que una experiencia
tiene sentido si se la compara y confronta con la vida que vive
el alumno. La pedagogía activa es más un estado de
ánimo y una actitud del docente, que un problema de aplicación
de técnicas.
Se ha desarrollado entre los especialistas en educación una
temática centrada en el rol de "mediación"
del docente cuya función sería la de oficiar de "puente"
entre el alumno y la tarea, entre el alumno y el objeto de conocimiento.
El desempeño de este rol haría posible que el alumno
realice su propia experiencia en el logro del saber. Este modelo
de co-operación (denominado también "vinculo
simétrico de co-operación complementaria": simétrico
porque ambos están aprendiendo ; de co-operación porque
trabajan juntos; complementaria porque el docente complementa lo
que el alumno necesita, porque comenzó antes y conoce métodos
de cómo aprender) tiene un punto de partida: las necesidades
del alumno y un punto de llegada: la adquisición del saber
"por apropiación". Nótese que la actividad
: a) está centrada en el alumno b) el docente ordena los
obstáculos del saber c) no ejerce violencia para lograr una
"adaptación pasiva" d) el objetivo es la dificultad
que debe vencer el alumno en el logro del saber e) aprender es apropiarse
de los instrumentos para conocer y transformar la realidad (uno
de los tres objetivos que fijó la UNESCO para la educación:
aprender a ser; aprender a aprender y aprender a hacer)
En este modelo el objeto de conocimiento ya no es más propiedad
exclusiva del docente sino que está afuera de ambos y la
estrategia sería convocar, invitar, entusiasmar al alumno
para "ir juntos en su búsqueda" constituyendo así
una verdadera "aventura" del conocimiento, el cual ya
no estaría para ser "acumulado" sino buscado, analizado,
indagado, transformado y "construido".
Esta situación permite que el docente quede liberado de la
"angustia por acumular" información para luego
transmitirla en forma rutinaria y luego dedicar sus energías
a desarrollar métodos de aprendizaje y de búsqueda,
propuestas de materiales y experiencias, a poner en contacto con
la realidad al alumno promoviendo la investigación y experimentación.
En lugar de pretender que los alumnos "lo atiendan a él",
el docente estará "para atender a los alumnos".
Toda esta "movida" pedagógica supone un verdadero
"corrimiento" en el espacio simbólico rígido
de la educación tradicional, de roles, vínculos, objetos
de conocimiento, metodologías, utilización de materiales,
ubicación y utilización del espacio físico
de aprendizaje (el aula)
Todo lo antedicho nos coloca a todos los que nos dedicamos a la
educación frente al problema del cambio. Los cambios en la
educación son cambios de sistemas. Pero hay una realidad
y es que aun cuando los cambios en el docente estén interrelacionados
con otros aspectos del sistema, no hay nada ni nadie que puede cambiar
al docente si él no lo hace. Solo el docente puede cambiar
al docente.
La tan mentada "pedagogía activa" requiere cambios
profundos. Así como la apatía requiere para desarrollarse
de un clima y de determinadas condiciones a nivel individual y social,
del mismo modo el promover en las clases a los alumnos como sujetos
activos, constructores de sus propios aprendizajes, requiere una
re-estructuración significativa de los espacios de aprendizaje.
Esto nos lleva a la idea de un "pasaje" de una situación
a otra, de un modelo a otro; de un lugar de pasividad a otro de
actividad, de un modelo de exclusión a uno de inclusión
que priorice la participación en la tarea educativa, única
condición para que la apatía no se haga presente.
Participar es "tomar una parte, la que le corresponde"
en un grupo social, la apatía es "retirarla"
Lic. Rodolfo Valentini
Buenos Aires – República Argentina